Dios va muerto en la Cruz. Una imposible conversación se
sucede el monte Calvario en la mirada perdida de su Madre que rompe junto a San
Juan buscando explicación de lo que ha sucedido con tanta crueldad.
El escenario tenebroso del monte calvario, presencia a María
de Cleofás y María de Salomé entablando un diálogo de piedad y súplicas ante un
Longinos que en su mano porta un arma letal, un arma presa de la desidia que
certificará el “final” de una vida.
María Magdalena ya cayó a los pies del madero, no pudo más,
no soportó tanta injusticia y maldad.
El Hijo de Dios cae muerto, y en su pecho,
una lanzada de estrépito brota con fuerza,
En San Martín ya posó el Mesias su cabeza,
Injusta muerte y lúgubre este trecho.
La tormenta allí se apoderaba de la humanidad,
En el expiro atronador de una muerte,
El Redentor ha sufrido la condena hiriente,
La voluntad del Padre rompía sin piedad.
No preguntes por qué va muerto en el madero, o me digas que
abrace con el corazón a esa mujer que a sus pies llora, no me pidas que agarre
por el cuello a ese romano que terminó con su vida.
Ahora descansa entre azahares de primaveras y espadañas
góticas de la Sevilla que le tañe, Longinos
cumplió la espera y clavó el frío hierro cuando asecha lenta la primavera.
Se encoge el alma de los adoquines que la muerte aprisiona y el alma de aquellos que tu
perdón claman cada noche de luna y de lágrimas en la cera.
El Buen Fin se acerca mientras María llora bajo catedral de
bambalinas y cera derretida, el Buen Fin se aproxima al caer en la Cruz el Hijo
de Dios rematado cruelmente por una lanzada.
Él ya va dormido, aquí dejó su profecía,
Con el Buen Fin de María sigue el camino,
Que Jesús con nosotros estará en tres días,
Y la vida eterna firmará su destino.
Por, Juan Pablo Pozo
"Palabras de azahar"
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Fotografía: Lanzada.org |
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